¡No cambies nunca, Amelie!

Cuando el recuerdo es una joya

Cada vez que escribimos algún post sobre nuestras “chicas de película” es inevitable hacer búsquedas en internet buscando algo de información complementaria, buscando alguna idea interesante que nos aporte algo a lo que queremos contar, y es así como aparecen los típicos artículos como “15 cosas que no sabías de Amelie”, “10 cosas que no imaginas del rodaje de Desayuno con diamantes”… artículos frecuentemente útiles que nos sorprenden con algún hecho chocante o divertido.

Esto nos lleva una reflexión, no necesitamos saber nada más de Amelie, no porque lo sepamos todo, es que no queremos saber más, Amelie genera un recuerdo perfecto, tanto la película como el personaje en sí, ¿puede existir en la realidad alguien como Amelie? Difícilmente, Amelie es positiva, imaginativa, tiene un gran corazón, es inocente pero también aventurera y decidida, nuestros broches, gargantillas o colgantes se centran en ella y en esa estética parisina que tampoco existe exactamente tal y como la imaginamos pero es la que nos gusta y nos atrapa.

La película nos ofrece un variado conjunto de personajes muy atractivos, nosotras hemos rescatado al gnomo viajero, y sobre todo nos hemos apoyado en sus colores, el verde y el rojo que llenan la pantalla y componen una historia demasiado bonita para ser verdad.

Y es que Amelie, es Paris, pero como decíamos, el Paris que pervive en el imaginario colectivo, lejos de la realidad, en el que a través de ciertos detalles reales de la arquitectura, la decoración,  el vestuario, la estética en general hemos compuesto el relato perfecto.

Además, como el resto de nuestras chicas de película, Amelie tiene su propia música inmortal esa banda sonora de Yann Tiersen evocadora, maravillosa y llena de magia con algunas piezas inolvidables, nosotras elegimos el Valse d’Amelie para despedirnos, como siempre ¡a lo grande!

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